Con la llegada de la navidad es lógico que todos los niños estén ansiosos esperando la llegada del niño Jesús o Santa Claus. Estamos constantemente bombardeados con publicidades de distintos juguetes y nos vemos frente a la pregunta de cuál es el mejor juguete que podemos ofrecer a nuestros niños.
A la hora de escoger el juguete que compraremos y siempre tomando en cuenta nuestras posibilidades económicas, debemos tener presente el significado del juego para los niños y su importante valor agregado a su desarrollo físico y psíquico.

Importancia del juego

Además de ser una actividad que produce placer y diversión para el niño, el juego constituye el primer escenario en el que el niño experimenta con sus emociones, le enseña a conocerse, a conocer sus límites, incluso a través del juego es el mismo niño quien se impone estos límites y normas, en el juego el niño emula la realidad que lo rodea.
El juego también desarrolla la capacidad de interrelación y de comunicación, promoviendo la interacción y el lenguaje, también puede ayudar a los padres a relacionarse con sus hijos de una manera única, encontrándose con ellos en su mundo.
Una de las funciones más importantes del juego y el uso de juguetes para los niños es por supuesto el desarrollo de su creatividad y su capacidad cognoscitiva en general y podemos entender los importantes beneficios que esto tendrá en su vida adulta.

¿Cómo y qué elegir?

Una cosa importante a la hora de elegir el mejor juguete, es observar los intereses y personalidad del niño, pues mientras un niño puede sentirse apasionado por juguetes activos como pelotas o una bicicleta, otro de la misma edad, quizás más retraído, preferirá un juguete que desarrolle más su capacidad intelectual como un rompecabezas.
Sin embargo, la elección del juguete puede también servir para dirigir el desarrollo del niño, es decir, usar el juego y los juguetes para promover el desarrollo de ciertas áreas en las que consideremos que nuestros niños pueden dar mucho más o en aquellas que son un reto para ellos.
De esta manera intentar que ese niño retraído o introspectivo participe de un juego que le permita relacionarse con otros niños, como una pelota para que juegue al fútbol, "motivándolo” a ser más activo y sociable y respetando siempre la naturaleza de su propia personalidad, puede ser una herramienta interesante.
En el caso contrario, ese niño activo puede beneficiarse de realizar actividades creativas, que promuevan disciplina y el alcance de metas personales, como juguetes que se arman o ensamblan, legos, etc.
Lo más importante es mantener a la actividad relacionada con el juego como aquella que divierte y sea placentera, un momento esperado y escogido por el niño, en el que es el propio niño quien impone sus reglas.

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