De innovar se habla con frecuencia como un valor dentro de las empresas. Sin embargo, debemos reflexionar acerca de este concepto para evitar que vaya perdiendo significado práctico y termine convertido en un simple lema publicitario o un cliché.

Pensar en la innovación debería ser un asunto que implica mucho más que cambio o invención. Es necesario ver la innovación como un reto de productividad, que involucra a todos los miembros de una empresa, en virtud de que la innovación individual cada día se hace más difícil.

Es un proceso que requiere disciplina y práctica constante. No es un evento azaroso, producto de una inspiración celestial, y no necesariamente está vinculado a la tecnología: las personas siguen siendo el eje más importante en la innovación.

Las siguientes reflexiones sobre innovación que nos ofrece http://www.degerencia.com pueden proporcionar a pequeñas y medianas empresas criterios de gerencia para conseguir y mantener una posición competitiva en su área:

• Dialogar con los clientes:

La atención al cliente puede ser el canal más valioso para identificar oportunidades inmediatas de mejoras y cambios, tanto en los productos como en los servicios. Si no se escucha con humildad a clientes, proveedores y comunidades, el proceso innovador se hace cuesta arriba. El hábito de escuchar con empatía y sin prejuicios es una pieza clave en las empresas para crear con sentido productivo y rentable.

• Los clientes internos:

Para innovar debemos interesarnos y atender a empleados y colaboradores. Ellos necesitan estar bien capacitados y entrenados. Solo así llegarán a tener compromiso y lealtad, tanto con su trabajo como con la empresa. Invertir en la gente como fuente de innovación también implica brindar una compensación (salarial y emocional) acorde al desempeño, y un sistema de reconocimientos que sea transparente, valioso y significativo. Así mismo, un ambiente de trabajo positivo, inspirador, confiable y seguro es indispensable. La desconfianza y el miedo son enemigos de la innovación.

• Equivocarse no es fracasar:

Para innovar es inevitable equivocarse. Quienes aspiren innovar no deben paralizarse por el miedo al fracaso. Por el contrario, deben sustituir esa palabra por la noción de aprendizaje y deben mantener una actitud positiva y constructiva frente a los obstáculos.

 • La formación constante:

La innovación no suele verse como resultado de un proceso de trabajo. Más bien se asocia con inventos espontáneos. Pero la innovación requiere esfuerzo y constancia. Es el resultado del hábito y la disciplina para mantenerse alerta y flexible frente a los cambios que nos rodean cotidianamente.

• Pensar junto a otros:

"Dos cabezas piensan mejor que una" es un dicho tradicional que aplica muy bien cuando hablamos de innovar. Cuando trabajamos en equipo con sincero interés y atención a las ideas de todos sus miembros, se potencian las posibilidades de descubrir nuevas rutas y maneras de hacer las cosas.

Si conviertes estos valores en parte de la cultura diaria de todos los departamentos de tu empresa, las capacidades innovativas de tu equipo de trabajo florecerán con más fuerza y rapidez. Recuerda que innovar es una actitud y una disposición a mejorar, crear y prosperar.